Con un libro de Reinos en la mochila



Nací en una época equivocada. O tal vez es que el buen gusto se saltó mi generación. O que mis compañías nunca fueron las esperadas. Sea como fuere mis gustos siempre han desentonado en mi entorno. Y no os equivoquéis, parezco más mayor de lo que soy. Yo no sufrí(disfrute) los alocados 80 aunque me hubiera gustado. Llegué al mundo cuando Willow ya había regresado a casa y el mejor cine fantástico empezaba a estar pasado de moda.

El cine fantástico ha muerto antes de que nacieras ¡jodete!



Pese a que en mi niñez veíamos Dentro del Laberinto y adorábamos a Bowie como Rey y Señor de los Goblins cantando con sus ajustados pantalones ‘Magic Dance’, esa película, obra maestra, era considerada ya clásico. Cuando hablabas al resto de la clase de aquella hermosa dama que estaba obligada a ser halcón por el día todos te miraban raro. 

Goliath fue el nombre de mi primer caballo... en Faerûn claro.


Y aunque Harry Potter y las películas de El Señor de los Anillos ayudaban bastante, ya te habías ganado la etiqueta de rara por llevar en tu mochila siempre un libro de Timun Mas o Minotauro. Y es que hacer bromas sobre Ricewind no ayudaban a tu popularidad ¡malditos humanos!

La moda era botellón y tabaco cuanto antes, que si estaba prohibido para menores es porque molaba (o eso decían) y los parques del barrio se llenaban de muchachos desde los 12 o 13 años que compraban a los mayores bricks de Don Simón a un precio desorbitado. Para acabar vomitando entre dos coches. 

Malditas modas, que un patrón se repita no lo hace divertido. Y por mucho que intentara iniciar a mis compañeros en el exquisito arte de los juegos de rol, solo conseguía liar a dos o tres chicos que al ver que con eso se convertían en ‘raritos’ cambiaban al mes los dados por una cajetilla de Camel. ¡Qué duro es ser adolescente! Afortunadamente, como dice mi madre, yo me salté esa etapa. Aunque no me libré de mi época de aislamiento social por no ser una adolescente tipo.

¡No conocen al Maestro!¡Herejía!


Por fortuna encontré en los mayores (que me sacaban como mínimo 9 años) la compañía necesaria para mis hobbies poco comunes. Y aunque las horas con ellos eran cortas y escasas a lo largo de los meses (admitámoslo, no mola nada cargar con una cría de 13 años cuando tienes más de 20 por mucho que sea tu hermana y una pequeña friki en potencia) por fortuna no disfruté del cine ochentero pero sí de INTERNETTTTT.

Internet, salvando vidas solitarias desde… pues no recuerdo cuando pusimos el primer modem, pero el bachiller me lo pasé jugando online. Y es que con mis compañeros de clase solo compartí dos modas: la fiebre Pokemon (aunque a mí el juego me duró poco, y nadie quería jugar conmigo porque mis bichejos tenían niveles muy altos…) y las películas de El Señor de los Anillos. Sí, recuerdo esas películas, lograron ponerme la etiqueta de friki aun más grande cuando en una discusión en clase escuché que ‘habían hecho unos libros sobre las películas’ y les llamé de todo a esa panda de… en fin, incultos.

¿QUÉ HAN DICHO QUÉ?


Pero me diréis: los videojuegos, en tu época triunfaban ya los videojuegos. Lo primero es que en mi casa no entró una consola hasta que yo metí la GameBoy pocket con Pokemon amarillo y la siguiente ya fue la DS… mis padres apoyaban el rol porque nos hacía pensar pero los videojuegos… no les hacían gracia. Además, en mi época adolescente el juego que triunfaba en mi círculo cercano era: Los Sims. 

Y yo prefería el Baldurs Gate. Así que tema de conversación con los compañeros: videojuegos tachado.

Y en la universidad, tampoco encontré gente interesante. Pero apenas tenía tiempo libre, pues me estaba formando como supervillana. No me miréis así, la mayor parte de los grandes Señores del Mal tienen título de doctor. Además, Doctora Baenre suena genial. Por otro lado, los falsos frikis, o peor aun los que se hacen pasar por frikis para ligar contigo, abundan y desgraciadamente no son para nada interesantes. Y últimamente abundan…


Y ¿por qué os doy la lata con esto? ¿Por qué hace calor, me aburro y sentarme al lado del ventilador a escribir chorradas es lo más apetecible a estas horas? Pues sí. Pero también para que reflexionéis sobre las generaciones que vienen. Que las de detrás de mí siguen a Hannah Montana y los Jonas. Así que si veis a un niño/a leyendo literatura fantástica, alegraros, no todo está perdido.


¡Soy un idolo adolescente!¡Tus hijas serán como yo!

1 comentario:

  1. Hay reductos de bondad, de gente que cree que Phineas y Ferb, que lee la dragonlance, que sabe que el mundo de la imaginación está en constante crecimiento, que te puedes tomar un mini, pero sabe mejor si lo compartes con varias personas mientras hablas de la segunda parte del Hobbit sin perder la consciencia...

    Y por ese reducto de esperanza merece luchar y hablar de estas películas.

    Besotes

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